Jaque al Diván

Alba Piotto para Revista Viva - Clarín

Angustia -dijo, ¿angustiada?-. Silencio. El ruido de su propla respiración la comenzó a incomodar. Necesitaba una repregunta; algo que la ayudara a seguir hablando. Frenó las lágrimas. “Bueno... angustia no, tristeza”, se corrigió. sin convencimiento, sólo para sostener algo parecido a una conversación. “Pero dijiste angustia”, le retrucó la otra parte. ¿Angustia o tristeza?

Al término de los rigurosos cincuenta minutos, se pusieron de pie, se saludaron y dejó la sesión con la certeza de que su debut en el mundo psi le había puesto como tarea para el hogar definir si la posible separación de su marido le producla angustia o tristeza. “Para eso, hablo con una lingüista”, ironizó ante sus amigas. Fin de la terapia. Y empezó a aliviar sus pesares respirando en el Planetario, junto a otros cientos de personas, un sábado a la tarde. Meditación, inhalar, exhalar, y así -se convenció- el camino se fue aclarando.

Para quien en un mes ya era su ex marido, la pelota y un terapeuta que se escapaba a los cánones que dicta la ortodoxia lo sacaron del pozo. Sus amigos. de pronto. lo vieron llegar al picadito de los viernes con el psicólogo al lado. Se preguntaron si acaso estaría peor de lo que suponían. Pero no: “El tipo atiende así”. Desde el primer encuentro habían pegado muy buena onda y aceptó la propuesta de intercambiar al consultorio por la cancha. Y así, el analista se quedaba al costado del campo dándole instrucciones sobre cómo moverse. Y él, que siempre jugó de defensor, terminó siendo el goleador del equipo. Cambiar de lugar en el juego, parece, lo ayudó a tener una nueva perspectiva en su día a día. Podía hacerlo. Se sintió más seguro.

El relato y el contexto. El encuadre. La proyección y la contraproyección. Y todo ese lenguaje críptico del que un lego se va enterando a cuentagotas sin comprender si significa ser culpable o inocente de algo que se mueve en su inconsciente a hurtadillas para saltar como un monstruo en el momento menos pensado. O si, directamente, es un inconsciente.

La ortodoxia y soltar amarras. Buscar(se) y bucear(se) cuando el dolor se hace presente o cuando algo empieza a molestar; cuando las alarmas se encienden y las conductas se repiten; incluso, cuando ir a terapia se convierte en una rutina aburrida y espiralada, de la que dan ganas de salir corriendo.

Buenos Aires sigue siendo "la" ciudad psi, no sólo por el arraigo que tuvo el psicoanálisis por estas tierras. También se perpetúa por el avance y la difusión que tuvieron las distintas técnicas de abordaje que jugaron una pulseada con el diván (hasta lo reemplazaron), ahuyentaron los silencios imposibles de sostener y al diccionario de sinónimos para descubrir la diferencla entre angustia y tristeza.

De un lado, se busca un abordaje cortito, preciso y profundo. Ya no interesa demasiado tirarse en un mullido sofá y empezar a hablar de lo que sea o remontarsea un trauma de la niñez para entender una conducta del presente. Se intenta primero aliviar el hoy. Y, en todo caso si es necesario o interesa, se irá por aquello lejano. Y de hecho, se va. Y se va, muchas veces, por todo al mismo tiempo: una respuesta que no sólo muestre un síntoma que se perpetúa en su familia, por ejemplo, sino observar(se) desde cuantos planos posibles se pueda.

La oferta existe y es variada. Aunque nada es más curativo -coincidirán pacientes y terapeutas- que la relación que establezcan ambos. Las distancias ya no convencen ni asustan ni son sinónimos, necesariamente, de un saber que cura o ayuda. Se busca que ese otro, además, sea cercano. No amigo; sino alguien que esté. Que esté y cerca.

Entonces, el paciente (algunos, más exquisitos, lo llama consultante) con su bagaje personal disparado hacla diferentes planos - no sólo el psi-, incluye en estos tiempos una experiencla más espiritual. Entendiendo este condimento no -o no siempre- como sinónimo de religioso. Con lo cual, además, cada uno suele armarse un mix que muchas veces conjuga la terapia tradicional por un lado, y la práctica de alguna técnica desde donde abreva otras posibles comprensiones de sí. Así, hay quienes alternan su terapia tradicional con talleres de constelaciones familiares, respiración holotrópica, meditación, ensoñación, tours para experimentar con plantas maestras o sagradas (hongos, ayahuasca) o ahondan en las neurociencias, Y hay terapeutas que incluyen trabajar con la música o el arte en general, las piedras, la aromoterapia. Los más ¿osados?, astrología y tarot. ¿De qué da cuenta esta mixtura impensada no hace tantos años atrás?

Los especialistas consultados aseguran que el emblemático diván quedó casi relegado a la historia. Aunque algunos, todavía, le saquen lustre.

Y, también, que hay mucho de pensamiento mágico rondando por las urgencias modernas, ¿Se acabará el mundo?

Cambio de paradigma

“Hay un cambio de paradigma en la relación terapeuta-paciente. Y es bienvenido porque lo que sana es ese vinculo”, acepta Virginla Gawel, directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires y profesora en la Universidad Maimónides, “Cada vez son más los profesionales que buscan una formación más amplia para posicionarse frente al paciente mirándolo como alguien cuya esencia está en proceso de evolución, y que tiene cíertas dificultades. Tenemos que ayudar a esa persona en su despliegue personal”.

La experimentación de técnicas que se van transitando, en realidad, ya tienen años por más novedosas que parezcan. En los sesenta empezaron a experimentarse en Estados Unidos y en Europa. y desde allí se fueron irradlando.

Sin embargo. hay un florecimiento en los últimos diez años. ¿Es un fenómeno local? Los profesionales dicen que no, que es algo globalizado. Y que en muchos casos hay una buena influencia de ciertos saberes de Oriente. Lo cual es enriquecedor. Sin embargo, cabe preguntarse qué pasa si algunas técnicas a las que en Oriente sólo acceden personas con un gran entrenamiento de meditación, por ejemplo, de este lado del mundo se las aplica a un principiante. en un contexto soclal que poco tiene que ver con el pensamiento, la filosofía y la psicología oriental.

Por otro lado, ¿cuánto de apelar a una técnica que puede ser mas integral de lo humano se codea con la imaginación o interpretaciones difíciles de discernir? Responde Gawel “Es cierto, hay mucho pensamiento mágico y no hay que pasar ese dato por alto. Pero también existe un nivel deconciencia mayor de la gente en muchas áreas: desde cómo tratamos a nuestro cuerpo, qué significa trabajar las emociones, la pareja como ámbito de trabajo, de conversación y de diálogo; la autoestima en tanto hacerse cargo de quien uno es; colaborar con la sociedad y el ecosistema planetario”.

En esta línea, cuando se mira la psicología desde cierta ortodoxia, el inconsciente suele convertirse en algo oscuro, sede donde anidan los traumas, los complejos, los conflictos, lo sombrío. ¿Lo verían del mismo modo miles de años atrás esos monjes tibetanos que fueron forjando una tradición y una sabiduría que también trabajaba por caso con los sueños y las emociones? La diáspora de estos lamas producida cuando China invadió la patria del Dalai Lama trajo hacia Occidente miles de años de sabiduría en psicología, meditación, trabajo sobre si mismo, un conocimiento distinto de las emociones, con abordajes que no tienen nada que ver con el psicoanálisis, y que -además- lo precedieron en la línea histórica.

Son conocidos los encuentros que el Dalai Lama suele tener con científicos de distintas disciplinas, donde ese saber busca retroalimentarse mutuamente. Tanto que hoy ya nadie discute y están comprobados por estudios científicos los efectos de la meditación en pacientes con cáncer, con sida o con trastornos de pánico.

Sin embargo. en este abrevar de otras fuentes, existe un punto resbaladizo. Porque aparecen lo que se conoce en el ambiente como los terapeutas improvisados, los iluminados -que se convierten e aios gurúes de la temporada- y en los instantáneos que un día se levantan inspirados y se convierten en guías espirituales. En todo caso, entra en juego algo que es la captación subliminal que todos ejercemos. Una información que percibimos y que brindamos en contacto con el otro. Pero, fuera de esto, suele haber mucho de imaginación, de proyección. O delirio. Y esto, que sucede en cualquier relación interpersonal, en el caso de los terapeutas es motivo para ejercitar una atención mayor. “Es muy honroso que Buenos Aires sea una Ciudad Psi porque eso significa que trabajar sobre la subjetividad se instaló como algo deseable. Antes, en Ia facultad, estudiábamos un supuesto paciente que nos iba a venir a ver. Ahora se estudia sobre las emociones personales, sobre nuestras propias vivencias. Y esto también forma parte del cambio de paradigma.”

Persona que sufre

“Si viene un paciente y me dice: ‘Soy un boludo’, yo le digo que tiene razón”, tira Horacio Serebrinsky, director de la Escuela Sistémica Argentina. Explica: “Si acepto los diagnósticos que dicen los manuales, ¿por qué tengo que dejar de lado el propio del paciente? Y desde allí vamos a un lugar de reflexión”.

Más de una vez sorprendió invitando a su paciente a que charlaran en el bar de la esquina. Esto le valió el espanto de algunos colegas. “Me critican porque dicen que pierdo el llamado "contexto" o porque dicen que el paciente se confunde si yo le digo: ‘Loco. ¿vamos a caminar un rato?’” Hasta ahora lo que sucedió fue que algunos no volvieron más y otros siguen su terapia. Serebrinsky habla de sus pacientes como tales, menos como consultantes: son "personas que sufren". “Es el término correcto. Y ese dolor del alma que a veces nos llega al cuerpo es un dolor no fácil. Por eso juego con el humor. No sé si por mío o por la persona que viene y me tira su dolor. A veces, lloro con ellos”, explica.

La desesperación. el síndrome de queja (así lo bautizó él), la melancolía, la soledad entendida como el encuentro con uno mismo y la imposibilidad de que no se encuentre con su parte creativa son algunos de los dolores que el alma expresa y que suelen vivenciar los pacientes, según el especialista. Y no siempre hay respuestas para dar. “Es común que alguien venga y te diga: ¿Qué hago? ¿Me voy de casa hoy o mañana? ¿Me separo o no me separo?". Yo prefiero aplicar la metáfora futbolística: paremos la pelota, tengámosla, tirémosla afuera, esperemos... o pedí el cambio.” Y es en ese transitar donde todo parece resumirse en pocas cosas: “Todos estamos buscando el amor, sentirnos queridos. No hay otra pregunta más fuerte en la vida que responderse "¿Quién soy?".

Pedro Horvat, psiquiatra y miembro de Ia Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), redondea: “En el intento de buscar tratamientos para el sufrimiento psíquico, desde siempre aparecieron (y desaparecieron) muchas formas de psicoterapia, con origenes y métodos variados”. Muchas, con una raíz freudiana. Y si bien son propuestas muy diferentes entre sí, son serias en sus enfoques teóricos y en su evaluación clínica. Otras, en cambio, dice Horvat, no tienen ningún sostén teórico, o a lo sumo, se apoyan en la teoría de su creador.

Según Horvat, hay una división. Por un lado, los que promueven la identificación con el grupo o con el terapeuta (técnicas de darse las manos y mirarse a los ojos, las respiraciones en grupo, el "vamos que tú puedes" y las liberaciones de energia): “Producen un sentimiento inicial de alivio, que en algunas personas es impulso para mayores cambios. Para la mayoría terminó siendo una mejoría pasajera”. Y por otro lado, están las que tienen un pensamiento mágico que Horvat describe: alguien que llega a pegarle a un almohadón porque no puede hablar con el padre, escribir en una hoja lo que se quiere cambiar y luego romperla, explorar misteriosas vidas pasadas. “Y todo el mix que el esoterismo, el orientalismo for export y la ciencia ficción puedan concebir. Desde ya. su efecto dura lo que dura la ilusión”.

Finalmente, existen los psico-algo, que mezclan buenos consejos con prejuicios ideológicos, y técnicas improvisadas con astrología. Son, tal vez. las situaciones más peligrosas, porque tienen la cobertura formal del consultorio y el título. En la APA aconsejan “desconfiar de las modas, de los éxitos de librería y de las soluciones colectivas”. Tanto como de los térapeutas improvisados.

Se trata de ayudar a una persona a volver al curso evolutivo. Cambiarle el género teatral de su vida y del drama o la tragedia. llevarlo a lo mítico de su existenclas. opina Enrique Flores, doctor en Psicología. Para él, el aislamiento, la perdida del estado gregario, es un síntoma que caracteriza a la sociedad actual Es lo que pretende la estructura capitalista: vivimos en una sociedad que nos enferma. De ahí que en muchos consultorios se construyan personas egoístas: "Cuidate vos, salvate vos". Cuando en realidad estamos hechos para todo lo contrario, para estar y ser con el otro”.

¡Uf! Qué complicado luce todo. Mejor, lo seguimos pensando.

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Alicia de la Fuente

Licenciada en psicología, neuropsicóloga y doctorando en neurociencias cognitivas.

Es especialista en brindar ayuda a parejas y personas en situación de crisis, conflicto, desorientación o duelo y que padecen ansiedad, angustia o bloqueo emocional. Su formación holística en el campo de la psicología, el estudio de técnicas efectivas para desarrollar terapias breves y de alto impacto y su propia experiencia de vida , fallecimiento de una hija, son las herramientas que permiten a Alicia diagnosticar rápidamente para ayudar a las parejas e individuos a resolver sus problemas en breves periodos de tiempo.

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