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La pérdida de un ser querido produce un enorme traumatismo que activa la capacidad de destrucción o destructividad que todo ser humano tiene dentro.
El trauma del duelo es abrumador y la respuesta fisiológica hacia él, interfiere con el procesamiento de la información.
Como resultado de este proceso, queda inhibida la integración mental de la experiencia traumática.
Más que crear una imagen mental coherente de la situación traumática, los componentes individuales quedan como fragmentos: conducta. afecto, sensación, conocimiento (elementos BASK) lo cual no cambia a través del tiempo
La intensidad emocional del momento en que se descubre la muerte, excluye el procesamiento efectivo de la información: "¡¡No puedo creer que esto esté ocurriendo!!"
Habitualmente la intensidad emocional se atenúa a través de los días y los meses mientras la persona se desensibiliza a ciertos aspectos de la pérdida.
Con menor grado de sensibilidad, el procesamiento de la información comienza a normalizarse, y la integración de la experiencia progresa, con más y más recuerdos y menos reexperimentación.
El duelo complicado se desarrolla cuando los componentes individuales son tan dolorosos, que se desarrolla demasiada hipersensibilidad, cada vez que se reactiva un fragmento del recuerdo y no se logra la integración.
Más adelante, los fragmentos resultantes pueden competir por la atención de la mente, haciendo que la atención de la persona rebote de atrás para adelante entre dos o más aspectos de la muerte.
Esta falta de foco impide el procesamiento de los fragmentos individuales. Por ejemplo, el procesamiento de la pérdida en sí misma puede ser desviado por el recuerdo de los detalles de cómo la persona murió. Y el procesamiento de los detalles de la muerte en cambio, puede ser desviado por pensamientos sobre cómo va a ser la vida sin esa persona.
1) Negación y aislamiento: y pronto será sustituida por una aceptación parcial: "no podemos mirar al sol todo el tiempo".
2) Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase difícil de afrontar para los padres y todos los que los rodean; esto se debe a que la ira se desplaza en todas direcciones, aún injustamente. Suelen quejarse por todo; todo les viene mal y es criticable. Luego pueden responder con dolor y lágrimas, culpa o vergüenza. La familia y quienes los rodean no deben tomar esta ira como algo personal para no reaccionar en consecuencia con más ira, lo que fomentará la conducta hostil del doliente.
3) Pacto: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, mas el enojo con la gente y con Dios, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.
4) Depresión: cuando no se puede seguir negando la persona se debilita, adelgaza, aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado, en general, temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad en el que es contraproducente intentar animar al doliente y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo: esto es, a menudo, una expresión de las propias necesidades, que son ajenas al doliente. Esto significaría que no debería pensar en su duelo y sería absurdo decirle que no esté triste. Si se le permite expresar su dolor, le será más fácil la aceptación final y estará agradecido de que se lo acepte sin decirle constantemente que no esté triste. Es una etapa en la que se necesita mucha comunicación verbal, se tiene mucho para compartir. Tal vez se transmite más acariciando la mano o simplemente permaneciendo en silencio a su lado. Son momentos en los que la excesiva intervención de los que lo rodean para animarlo, le dificultarán su proceso de duelo. Una de las cosas que causan mayor turbación en los padres es la discrepancia entre sus deseos y disposición y lo que esperan de ellos quienes los rodean.
5) Aceptación: quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, la bronca por la pérdida del hijo y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz: en un principio está casi desprovista de sentimientos. Comienza a sentirse una cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, no se tiene tanta necesidad de hablar del propio dolor... la vida se va imponiendo.
6) Esperanza: es la que sostiene y da fortaleza al pensar que se puede estar mejor y se puede promover el deseo de que todo este dolor tenga algún sentido; permite poder sentir que la vida aún espera algo importante y trascendente de cada uno. Buscar y encontrar una misión que cumplir es un gran estímulo que alimenta la esperanza.
Gorer ( 1965 ) encontró en un estudio sobre personas que no se ajustaron al proceso de pérdida, que ocho de cada diez de ellas presentaron síntomas de llanto compulsivo, perturbación del sueño, dificultades en la concentración mental y falta de apetito; además, más de la mitad de los sujetos estudiados eran dependientes habituados a las medicinas y a los doctores.
No puedo decir, y no diré
que él ha muerto. Sólo está lejos.
Con una alegre sonrisa, y una señal de la mano,
se ha aventurado en una tierra desconocida.
Y nos deja soñando cuán justas
sus necesidades deben ser puesto que permanecen ahí.
Y tú, oh, tú, que anhelas con intensidad
la pisada de los viejos tiempos y el alegre regreso.
piensa en él gozando, tan querido
en el amor de ahí como el amor de aquí;
piensa en él igual que siempre, yo digo:
no está muerto, ¡sólo está lejos!
Whitcomb Riley
La muerte no es extinguir la luz; sólo consiste en apagar la lámpara porque ha llegado el Amanecer
Rabindranath Tagore.
¿Cómo puede hacerse entonces para poder volver a vivir lo más normalmente posible a pesar de semejante dolor?
Primeramente buscar un psicólogo que pueda trabajar el duelo de una manera, en la cual en vez de ser un dolor que anula todo lo bueno, este mismo, pueda convertirse en una herramienta de crecimiento.
Las Terapias de Alto Impacto, como EMDR y otras, brindan un modo poderoso de integrar esta experiencia traumática. Si el terapeuta tiene claras las etapas básicas del proceso de duelo ellas pueden ser aisladas y tratadas individual y secuencialmente, en su orden natural y así poder mejorar la calidad de vida a pesar de la pérdida sufrida.